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La inseguridad se impone en la cotidinaidad de nuestras vidas. Los robos, asesinatos, fraudes, extorsiones y secuestros no son problema de ciertos estados y zonas del país, ni de estratos socioeconómicos específicos. Pareciese que incluso el crimen se ha democratizado: sus efectos alcanzan a todos los miembros de la sociedad sin distingos.
El temor se apodera de los ciudadanos, algunos emigran de la ciudad, del país; otros más se encierra en sus casas, pues del miedo no salen ni a la esquina. Secuestrados dentro de sus casas.
La herida del secuestro se produce en lo esencial de la condición humana.
El secuestro no sólo es un drama individual, sino que cada secuestro es la expresión individual de una trama social.
De ahí la urgencia de brindar atención a quienes quedan afectados -directa o indirectamente-, a las víctimas, de tal forma que sus vidas no queden presas del trauma, a expensas del miedo o esclavizadas por la culpa y el sufrimiento.
Vivimos en tiempos de desamparo, desamparo al no haber un lugar a donde dirigirse y tratar -por ejemplo- la angustia, la impotencia y el sufrimiento sin que estos sean perseguidos o “patologizados”. El miedo, el dolor causado por la extorsión y el secuestro no se dejan clasificar, tales afecciones pueden ser analizadas, tratadas caso por caso.
A partir de hoy, Monterrey y su áea metropolitana cuenta con un programa de atención al sufrimiento, tener donde dirigirse es un inicio para crear, inventar una salida. En ASPIRA será recibido todo aquel que lo solicite.
La música que escuchas es de Chopin:
1er. Programa clínico-social para la atención
del sufrimiento causado por el secuestro y la
extorsión: ASPIRA /AMMAC
